El partido entre Atlético y Tigre se jugaba con intensidad, pero todo se frenó de golpe. A los 13 minutos del primer tiempo, el árbitro decidió detener las acciones. No había falta, ni lesión, ni revisión. Lo que pasaba estaba en las tribunas.
Un grupo de hinchas del “Decano” comenzó a mover el parapelota y a desplegar una bandera con un mensaje que no pasó desapercibido: “Para el mundo”. La escena, que empezó como un gesto aislado, rápidamente escaló y obligó a la intervención. El juego quedó en pausa. Los jugadores, desorientados, miraban hacia las tribunas. El clima se tensó. Nadie entendía del todo cuánto iba a durar.
En medio de ese escenario, apareció una imagen tan insólita como peligrosa: un hincha logró meterse al campo de juego y corrió por todo el césped del estadio Monumental José Fierro. Esquivó a los encargados de seguridad más de una vez, generando una persecución que sumó desconcierto a una tarde ya alterada.
A los 16 minutos, Leandro Díaz tomó la iniciativa. El “Loco” se acercó a la zona del conflicto para dialogar con los hinchas involucrados, en un intento por calmar la situación. Mientras tanto, la Policía ingresó al campo para intervenir directamente y retirar a quienes habían invadido el terreno de juego.
El partido seguía detenido. El tiempo pasaba, la tensión bajaba de a poco, pero el ritmo ya estaba roto.
Recién a los 21 minutos, tras varios minutos de interrupción, el árbitro dio la orden de reanudar el juego. La pelota volvió a rodar con un tiro libre ejecutado por Franco Nicola, sin mayor peligro. Pero el partido ya era otro.
Lo que debía ser una tarde de fútbol terminó sumando un capítulo inesperado. Uno de esos momentos que no entran en el plan, pero que terminan marcando la escena. Porque en el José Fierro, por varios minutos, el partido dejó de jugarse en la cancha.